Maria José Mas


Lugares soñados

Iguaçú y Buenos Aires, desde el 21 de mayo al 8 de junio de 2008.
Imagino que todos tenemos lugares soñados –en mi caso muchos- casi desde la infancia. Un documental, una fotografía, cualquier imagen ha podido suscitarnos el deseo de visitar ese lugar, de conocer a sus gentes… Y es curioso como al correr de los años esos sueños se van desvelando y nos revelan un mundo de fantasías que se hace realidad.

 

mara_jos_junio_2008_dsc01775Sí, Iguazú, esas impresionantes cataratas, han formado parte de mi mundo fantástico desde la infancia. Y lo que me ha llevado allí ha sido auténticamente trascendente, revelador y transmutador. No ha sido un viaje programado para el disfrute lúdico –aunque también lo ha habido- sino para un goce del alma.
Y, curiosamente, ha sido uno de los viajes más completos que he realizado, un viaje en el que ha habido de todo: naturaleza, urbanismo puro y duro, contacto con tribus indígenas, aventura, espiritualidad, compañía, soledad… y mucho tiempo para la reflexión. Y uno regresa con un cúmulo de vivencias y de experiencias de tal magnitud que casi se hace difícil creer que todo eso haya ocurrido.
El motivo principal del viaje era la asistencia a la celebración del May Call Day en su nonagésima novena edición y que el Maestro Parvati Kumar había decidido que se celebrara en Foz de Iguaçú, es decir, en la zona brasilera de las cataratas.

Imaginando días de recogimiento, meditación y formación pensé en viajar tres días antes del evento para disfrutar de ese espectáculo que yo evocaba en mis sueños como algo imponente. Y fui en compañía de Rosa, amiga de muchos años, excelente terapeuta y conversadora inteligente y, en primera instancia, elegimos un hotel que nos permitiera disfrutar de nuestro primer objetivo. Este hotel, recomendado por otra amiga también llamada Rosa, a quien le agradezco enormemente la ayuda que me proporcionó para la reserva y, sobre todo, el dato de este maravilloso hotel que está situado dentro del Parque Nacional y se llama Das Cataratas.garganta_diablo_p

En el camino desde el aeropuerto de Foz, una primera sorpresa, los coatí, unos simpáticos roedores que me robaron la primera sonrisa. Y, de inmediato, nos dedicamos a pasear y a dejarnos sorprender e impregnar de la magia del agua. Las cascadas, en caídas infinitas, se van desplagando ante los ojos atónitos del visitante durante kilómetros. Aquí un grupo de cascadas, más delante otro, allá un salto de agua solitario, otro más… todos bellos y cautivadores. Y, al final del camino, en lo más profundo, la Garganta del Diablo (que corresponde al vórtice de la garganta, según nos comentó el Maestro días después) donde la belleza se despliega casi lujuriosa, como hermosas cabelleras cristalinas, gigantescas que caen vertiginosas desde una altura indescriptible. El sonido de esa enorme masa de agua acaricia todavía mis oídos. Y es una sensación que va a perdurar en el tiempo.  

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