Cuántas veces hemos constatado cómo las emociones inciden en nuestro cuerpo físico creando malestares que, con el tiempo, pueden cronificarse. Este es el caso de la persona cuyo proceso vamos a compartir.
Paloma llega a mi consulta a primeros de octubre, muy abrigada porque tiene la gripe. Me dice que tiene algo de fiebre aunque eso no le impide hacer una vida casi normal.
-Siempre tengo una cosa u otra -afirma- si tuviera que hacer caso a mis dolencias no saldría de casa.
Me cuenta que desde que comienza el frío (aunque la temperatura es excelente) hasta bien entrada la primavera, está resfriada, con faringitis y fiebre que va y viene. Lo comenta con una sonrisa en los labios.
Su mirada es serena, dulce y muy triste. Sus ojos brillan, están húmedos y siento que no tiene nada que ver con su resfriado sino con un estado interior profundo.
Prosigue diciéndome que actualmente está de baja en el trabajo por depresión -es funcionaria en la administración pública-, una depresión que va y viene (como la fiebre, pienso yo).
Ha estado ingresada en un hospital psiquiátrico durante unos meses, casi no recuerda cuántos. Ha sido muy duro. Está de medicación hasta la bandera y la quiere dejar. Le han hablado de la Terapia Floral... no sabe. Quiere probar...
La vida le pesa. Me dice:
-¿Has tenido alguna vez la sensación de caminar por aguas pantanosas? Es como si todo se fuera a hundir de un momento a otro... (Y yo pienso en las Banksias que tan maravillosamente trabajan esta sensación).
Y continúa:
-Estoy casada con un hombre que me lleva 25 años y, desde hace ya tiempo está aquejado de Parkinson. Vivimos en casa de mi madre desde que ella se quedó viuda, cosa que en principio era temporal y se ha "cronificado", - sonríe- como todo en mi vida.
Su madre está diagnosticada de Alzheimer y tener a dos personas en la casa con problemáticas de salud tan severas ha supuesto una etapa muy dura para ella. Su madre falleció en agosto- sonríe.
-Es triste tener que admitir que ha sido un alivio... -y continúa- Tengo un hijo de 15 años que me ayuda mucho en todo, formamos una piña y es una gran ayuda para llevar la situación adelante. Sólo lamento no poderle dar la vida que merece.
Charlamos durante un rato más aunque la información que me aporta no altera la fórmula floral que he ido elaborando y que está compuesta por:
Mustard, por la tristeza de sus ojos y por lo cíclico de sus dolencias.
Hornbeam, para que le aporte vitalidad.
Gentian, por lo frustrante de su situación.
Old man banksia, por el descorazonamiento, por la sensación de que la pesa la vida.
Pine, por el sentimiento de culpa que le produce sentirse aliviada por la muerte de su madre y, también, por no poder dar a su hijo “la vida que merece”.