Maria José Mas


Clematis. El milagro del Dr. Bach sigue presente

Granera, 30 de junio de 2007.
Aprovechando el último día de clase previo a las vacaciones de agosto, un grupo de alumnas y yo vamos al campo para hacer una elaboración floral.
Susanna sugiere el lugar (inmejorable) y realmente su elección es perfecta. Estamos en lo alto de una montaña, sobre el pueblecito de Granera y al pie de su castillo y allí estamos en el epicentro de tres lugares energéticos de alta vibración: Montserrat, la mítica montaña sagrada, el Montseny y el Parque Natural de Sant Llorens del que destaca el Montcau.
El día es caluroso, como corresponde a finales de julio, el cielo está completamente despejado y es perfecto para nuestro trabajo.
El único temor radica en si vamos a encontrar alguna flor idónea para elaborar la esencia. La idea es, básicamente, hacer ese trabajo de campo para que mis alumnas aprendan el proceso, sea cuál sea la flor que podamos encontrar.
Todo el caminito de ascenso está lleno de Yarrow, la Aquilea blanca, esa pequeña umbelífera frágil y cimbreante que pertenece al sistema de la F.E.S. y, aunque nosotras estamos estudiando el sistema floral de Bach, lo importante es vivir la experiencia.
Seguimos avanzando y de pronto, ¡sorpresa! Ante mis ojos aparece un arbusto repleto de flores color blanco cremoso que no es otro que el de Clematis. Es una flor que veo al natural, en su hábitat, por segunda vez. Y, curiosamente (o no), la primera fue hace dos años, en septiembre, cuando fui a Riópar a las Jornadas sobre la Ecología del Agua. Esto sólo sería una anécdota si no fuera por las sincronías... Como ya sabéis, porque lo he contado en otro pequeño escrito, en aquella ocasión yo fui al nacimiento del río Mundo a escuchar al Dr. Emoto y, dos años después, Susanna nos traía agua procedente de la Ceremonia para enviar Amor y Gracias al Agua que el Dr. Emoto había presidido en Cerler (Huesca) el día 25 de julio, es decir, cinco días antes de nuestro encuentro en Granera.
De manera que teníamos la inmensa suerte no sólo de tener agua de manantial para la elaboración, sino que, además, ese agua había sido bendecida en una ceremonia de gratitud y, lógicamente, poseía una carga energética muy especial.
Recogimos las flores a la manera clásica, es decir, cortándolas y sin tocarlas con las manos para colocarlas directamente en el bol cristalino que contenía el agua de Cerler. Lo trasladamos rebosante de las preciosas flores hasta el lugar elegido, frente a Montserrat y el Motcau y lo depositamos sobre una piedra. Rodeé el bol de cristales de cuarzo y, a continuación, dirigí una visualización-meditación solicitando permiso y dando las gracias a los seres elementales del lugar que nos permitían invadir su lugar sagrado y ocupar su espacio durante unas horas. Invoqué al Dr. Bach para que nos llenara de Luz, pedí a los devas de las flores que dejaran las mejores energías de la planta en el agua, la excelencia del patrón vibracional para que la esencia tenga todas las virtudes que el Dr. Bach reconoció en Clematis y entre peticiones, gratitudes e invocaciones, la meditación pudo durar aproximadamente media hora.


clematis

 

 

 

 

 

 

 

 

  ¿Quieres conocer la historia completa?