Daniel Rubio, es el maestro de ceremonias perfecto. Además, nos ha propuesto a una serie de ponentes de excepcional valía que han desarrollado temas tan interesantes como el de la Cámara Kirlian, presentado por Fernando Lorente o el de Geometría Sagrada a cargo de Antonio Blasco.
Daniel dice que el auténtico maestro aquí es la propia iglesia, La Blanca, un navío de piedra dorada que domina el pueblo, y cuyo perfil, bellísimo, ni tan sólo deja entrever su interior.
No estoy del todo de acuerdo con Daniel ya que sin sus introducciones, la sabia dosificación de los ejercicios, su paciencia para enseñarnos a desentrañar caminos, su forma de mostrar sin demostrar ni dirigir, sin todos estos valores que él posee en grado sumo, este seminario no habría sido el mismo porque la iglesia no nos habla a los profanos como le susurra a él.
¿Y qué tiene Daniel? Un alma de segundo rayo, amorosa, comprensiva y llena de sabiduría a lo que
se suma, sin duda, la calidad de una personalidad que él ha forjado a conciencia y su capacidad inteligente para ver más allá, siempre con la sonrisa y el tono justo. Debo añadir, en honor a la verdad, que escucharle es vibrar al ritmo de su poesía y eso es capaz de remover conciencias y ayudar a replantear muchas cuestiones que, gracias a su sutileza, surgen sintiendo, aunque casi sin sentir, gracias a ese fácil fluir que le permite la sencillez y la humildad.Hemos vivido el privilegio de asistir a la bendición del Agua a la antigua usanza. Ramiro, el que fue párroco durante tantos años, ama todas y cada una de las piedras de esta catedral y nos ha enardecido en todas sus intervenciones. La bendición del Agua ha sido vivir la magia y el hechizo de otra época. Sorprendentes todos y cada uno de los rincones de la iglesia. Cada mañana, temprano, hemos vivido el regalo de ver cómo los primeros rayos del sol incidían sobre la piedra para dorarla y acariciarla cálidamente. ¡Tiempos de magia! Esos de los canteros que trabajaban para los hombres de Luz que eran los templarios...

Dragones en los capiteles, dragones alados que ya han trascendido del inframundo. Sirenas tentadoras. Ángeles sonrientes, apóstoles en piedra y María Magdalena salvaguardando una de las hermosísimas columnas polilobuladas en el centro del transepto. La cercanía del altar mayor con toda su fuerza y potencial transmutador añadido a todos los ejercicios del resentir, nos han hecho vivir momentos de altísima vibración. Desde los pies a la cabeza de la iglesia; desde la zona más densa caminando hacia la ligereza y la Luz. De la zona Norte a la Sur, es decir, desde el espacio de mayor interiorización e introspección que enfría el organismo, caminando y resintiendo hasta llegar al Sur de cálida apertura y expresividad plenas.
Villasirga, 24 de junio de 2007.