Llegó a casa el 11 de febrero de 2005 y era una menudencia que pesaba 700g, ¡cabía en el hueco de mi mano! Ahora ya es una señorita, ha crecido lo que corresponde a un pincher enano y pesa 2,750 kg. ¡Todo un “personaje”!
Como tantas cosas en la vida, la encontré por “casualidad”.
Cuando mi inolvidable perro Chobi me dejó, mi hijos y algunos amigos querían regalarme otro. Sin embargo, la idea de “a rey muerto, rey puesto” no me sedujo y decidí vivir el duelo el tiempo necesario. Tres años después empecé a sentir la necesidad de tener otro animalillo a mi lado y pensé que debía ser perra para no tener problemas con Scott (mi “perrinieto”), que es macho. También la quería pequeña para evitar pasarme la vida haciendo “esquí acuático” al sacarla a pasear, como me ha ocurrido con otros perrillos; y de poco pelo. La cosa no parecía fácil puesto que yo pretendía encontrarla en alguna perrera y no hay animales de estas características como pude comprobar después de recorrer algunas, ver posibilidades por internet, etc.
Un feliz día de febrero, acompañé a mi hijo a unas diligencias a Sabadell y mientras él hacía su trabajo yo entré en un establecimiento de venta de animales. Pregunté si tenían de esta raza y, efectivamente.
Había dos, un macho negro y una hembra castaña. Estaban los dos dándose calor y formando el círculo del yin-yang con sus cuerpecitos.
Fue amor a primera vista. Ella me miraba con ojos aterrorizados. Ni idea de qué vivencias había tenido en sus tres meses de vida aunque estaba claro que al separarla de la madre estaba muy triste.
Desconozco en qué condiciones viajan estos cachorros (seguramente prefiero no saberlo) y ella procedía de Eslovaquia. Imagino que todos los cambios experimentados la tenían más que atemorizada.
Dos días después la fui a recoger y esa misma noche vinieron mis hijos a conocerla. Se enamoraron de ella al instante. También mi primo, que me había acompañado a diferentes perreras, vino a conocerla al día siguiente y le regaló un capazo, un juguete para morder y chuches. Inmediatamente fue nombrado padrino de la recién llegada.
Y sin más preámbulos empezó su etapa de “sociabilización” ya que la llevamos en coche a casa de su padrino, estuvo disfrutando del campo con sus “primos” perrunos y empezando a adaptarse a su nueva vida.
¿Quieres que te cuente la historia completa de mi fiel compañera?