Maria José Mas


Geobiología y crecimiento personal

El Escorial, 23-25 de marzo 2007.
Me gustará comenzar a compartir mis vivencias con quienes tengáis la gentileza de acceder a mi blog.
Empiezo por comentarte el último curso al que he asistido y, como casi todo en la vida, tiene un antes y un después, aunque únicamente vivamos en el presente. Conocí a Daniel Rubio en septiembre de 2005 durante el I Encuentro Internacional de la Ecología del Agua que se celebró enImagen de un Cristal de Agua de Emoto Riópar, un sorprendente pueblecito de la provincia de Albacete.

A ese evento fui porque uno de los ponentes era Masaru Emoto, el mago de los cristales del agua.
La vida nos depara sorpresas, encuentros y descubrimientos a cada paso, sólo es necesario estar, sentir, resentir desde el silencio interior. La sorpresa, en esta ocasión fue una ponencia que dictó Daniel Rubio y que no sólo me dejó profundamente emocionada sino que también hizo surgir en mi la necesidad de aprender de su magisterio.

 Cristal de Agua de Masaru Emoto
Masaru Emoto con María JoséCuando pude, me acerqué a él e intercambiamos los correos electrónicos.
En la primera oportunidad que tuve, me inscribí en un curso que iba a dar en El Escorial. Sin embargo, ese curso no prosperó, no hubo el mínimo de inscripciones y se anuló. 
La segunda propuesta, que sí tuvo lugar el pasado noviembre, coincidía con el Congreso Nacional de Terapia Floral en Benalmádena, por tanto no pude asistir. La tercera posibilidad se presentó para el pasado fin de semana y el curso tenía el atractivo nombre que encabeza este escrito. ¿Será verdad que a la tercera va la vencida? ¿Será más cierto que cualquier camino iniciático está lleno de dificultades precisamente al comienzo, para invitarnos a desistir?
 
Masaru Emoto y yo.
 
Hace ya tiempo que sé que esas dificultades son los aprendizajes que cada uno de nosotros debe realizar antes y durante el viaje.
Ahí se nos fortalece el empeño, la perseverancia, después queda el regocijo de la recompensa. En efecto: he asistido al curso y éste más que una clase magistral (que también lo ha sido), se ha desarrollado como un taller vivencial. He ido sin expectativas porque ya he aprendido que esa es la fórmula ideal para no sentirme defraudada. El “no esperar” nada especial es una fórmula mágica para recibir el mil por mil. Resentir, de eso va el tema. Y es algo tan sutil que no se puede demostrar, si bien se trata de una vivencia profunda. Tengo una amiga muy especial (por algo se llama Fina) que es un regalo. Ella considera que yo tengo una percepción muy afinada. Y esto viene a cuento porque esa percepción afinada es resentir y es la que me trajo al curso con la certeza de que cuanto sentí en Riópar no fue un espejismo.

Sé poco de Geobiología aunque hace años me manejo con técnicas radiestésicas que en los últimos tiempos estaban aparcadas. Quizás algo que debía aprender en estos días era recordar el valor de esas técnicas.
En qué consistió el curso es algo que me cuesta definir. Para cada uno de los asistentes, sin duda, se trató de una experiencia diferente. Trabajamos distintas técnicas, aspectos diversos, hicimos testajes sobre compañeros, pude sentir lo que me ocurría cuando me testaban a mí. Hubo momentos de alto voltaje, de altísima vibración energética, instantes de enorme emotividad en el silencio interior después de trabajar sobre nuestros vórtices energéticos, los bloqueos, el color... Vista del Jardín de los Sagrados Corazones
Hubo toma de tierra, expansión de conciencia, gratitud hacia el pajarillo que nos visitó en varias ocasiones, sentimiento de formar parte de la Naturaleza y de vibrar en la misma longitud de onda... 
Daniel condujo el curso abriéndonos a muchas posibilidades y ofreciéndonos un abanico de técnicas entroncadas con la ciencia y hermanadas con la intuición, el sentir desde el corazón, el resentir en suma. Las visualizaciones que nos regaló durante el curso son un profundo trabajo para el crecimiento personal, la elaboración de tristezas o disgustos enquistados, de heridas del alma que pude, en gran medida, trascender. He aprendido que siempre estamos en el mejor sitio posible, que soy abundancia y alegría y que mi sonrisa también resuena.
 
Jardín del Colegio de los Sagrados Corazones.
 
Lamentablemente, nos han educado en la carencia y han olvidado explicarnos que somos abundancia. Daniel nos dice: “si quieres tener agua conviértete en agua” porque tenemos el retorno de lo que hacemos y de lo que pensamos. Me ha enseñado a vivir y a trabajar desde la impecabilidad, sin influir, sin interferir, sin proyectar... ese es un aprendizaje para la vida de cosas ya sabidas (en la teoría) que, día a día, van siendo más verdad en la medida que soy capaz de integrarlas. Es ese pasito a pasito que vamos dando y que de pronto tenemos la impresión de haber dado un paso de gigante. Nos habló de los tachyones y de su altísimo potencial, de los triskeles, símbolos celtas que podemos utilizar para armonizar ambientes...  Nos dio tantas referencias bibliográficas que tenemos lectura hasta el final de los tiempos. El domingo, para cerrar con broche de oro (por si no habíamos tenido todavía suficientes regalos), nos pasó la película El secreto que, al margen de las cosas ampulosas y rimbombantes a las que nos tienen acostumbrados los productos de “gringolandia”, tiene innumerables frases para grabar en la mente. Esa Ley de la Atracción hay que integrarla para que todo pueda, no sólo verse desde otro prisma, sino alcanzarse en plenitud. Me ilusiona pensar en el próximo encuentro en Villarcázar de Sirga durante el solsticio de verano. Es otro pasito más en el camino, en esta ocasión en el propio Camino de Santiago, camino iniciático también. Allí estaremos hablando de arquitectura sagrada, de cómo el Sol incide en un capitel, sobre un símbolo, en un cristal, en el color de la piedra desnuda. Del poder de la Luz y de la sabiduría de la Sombra... Allí estaremos!
 
Fotografía de María José con Daniel Y mi última palabra de gratitud para Daniel. Lo sabes, porque te lo he dicho. Me he sentido tratada con exquisito mimo y delicadeza. Sabes cómo agradezco tu regalo y toda la información que me vas enviando para enriquecer mi conocimiento. Y, también sé, que esto no es más que el principio de una gran amistad...Y la última línea para anotar una de las frases que nos regalaste: “La felicidad va acompañada del dolor de existir de cada uno”                                                                    
 
 
  
 
Barcelona, 31 de marzo 2007.
 
Daniel y yo