Maria José Mas


Visi d'arte, visi d'amore

Volver a Bach/70 años después.

V Congreso Nacional de Terapia Floral, Benalmádena (Málaga), noviembre, 2006.

toscaSeguramente para algunos de vosotros esta frase os resultará familiar, es el inicio del aria de Floria Tosca, en el segundo acto, cuando se lamenta de por qué ella que ha vivido para el arte y el amor, tiene que pasar por experiencias tan penosas. Y he elegido este título por el paralelismo, aunque por motivos bien distintos, de estas mujeres enamoradas que pasan de la felicidad al drama y a la tragedia.

El caso que voy a compartir con vosotros es el de una mujer de 34 años a la que llamaremos María. Es  una mujer de gran éxito y que, gracias a su brillante profesión, ha conseguido la mayor parte de sus metas, un gran reconocimiento y respeto y una fortuna más que considerable.
Se dedica (y sigue en ello) al mundo del canto y viene a mi consulta animada y aconsejada por una amiga común, también del mundo del teatro aunque no de la ópera.
Es una mujer extremadamente obesa que se cree observada y yo trato de mirarla a los ojos (preciosos, por cierto y muy expresivos) y para comenzar la conversación, ya que la noto tensa, en lugar de comenzar por preguntas que la puedan hacer sentir incómoda, enfoco la conversación hacia su carrera, sus éxitos, su fantástico currículo... y en eso nos llevamos un buen rato. Como buena diva que se precie, está encantada y en ese terreno se siente muy suelta y comprendida.

En un principio pienso que viene a consultarme porque está acomplejada por su físico, pero no era así.
Está casada desde hacía siete años, muy enamorada de su esposo, feliz, sin hijos, ya que debido a su profesión lo van posponiendo, y todo parece de cuento de hadas. Su marido la acompaña en todos los viajes aunque últimamente nota menos interés por su parte y eso la hace sentirse rechazada y triste.

De su físico no menciona palabra y nos centramos en esa frustración que, por el momento, no parece tener mayor calado. Realmente, como diva, es alguien muy admirado y precisamente que su marido sea quien le falle, no sólo la tiene triste, sino que incluso no logra comprenderlo.
“¿Por qué a mí, que soy una persona de tanto éxito? ...“
El tono no es despectivo, es de incredulidad, aunque sí está presente el resentimiento.
Le pregunto si sospechaba alguna cosa, si ha notado algún escarceo y asegura que no. Él está siempre a su lado en el teatro, animándola, mimándola y encandilándola (palabra que repite muchas veces a lo largo de esta y otras entrevistas), llenándole el camerino de flores y todo tipo de detalles, pero luego, en la intimidad, ha dejado de acercarse a ella.
Por otra parte y debido a sus constantes viajes, ve poco a su familia y amigos de “siempre” (como ella dice) y se preocupa cuando no recibe noticias. “Soy una negada para la informática y tampoco tengo tiempo para aprender, todo lo resuelvo con llamadas pero,  a veces, debido a los cambios horarios y a mis constantes ensayos y actuaciones, paso días sin poder hablar con ellos. Eso me hace sentirme  preocupada y muy culpable porque no les atiendo lo suficiente y, en el fondo, siento envidia de las personas que tienen una vida más sencilla”.