IV Congreso Nacional de terapias Florales, Madrid, noviembre 2005
Alba viene a mi consulta animada por un amigo común que conoce mi trabajo y, básicamente, para que yo la ayude en su proceso emocional.
Va vestida de negro, está demacrada, los ojos hundidos, sin brillo, es menudita (o me lo parece), insignificante.
Por un momento la imagino cómo sería unos meses atrás y la veo erguida, hermosa y serena.
-Cuéntame- le digo, sonrío y callo mientras pongo la fecha en su historia:
29 de abril de 2003.
“Trabajo como administrativa aunque ahora estoy de baja. Tengo 24 años, soy soltera y vivo en pareja; pronto nos vamos a casar...” un breve silencio y apenas un sollozo contenido mientras a mi, un escalofrío me recorre la columna vertebral.
El desconsol de Josep Llimona
Sigo escuchando sin interrumpir, respetando su silencio.
“Tengo cáncer (me mira fijamente y evalúa mi expresión; yo mantengo una sonrisa de complicidad y desde mis pupilas la animo a continuar).
Casi en un susurro, prosigue:
“Cáncer de piel y de pulmón. Me han eliminado un quiste de la piel y actualmente tengo nódulos en el pulmón. Después de un tratamiento de quimioterapia muy agresivo he estado dos semanas en la UCI. El oncólogo me ha dicho que no hay nada que hacer, que me quedan dos meses de vida... Estoy un poco desesperada...”
Me cuenta que la lleva un Naturópata de Madrid con periodicidad mensual, que la ayuda mucho y está muy contenta. También ha pensado en la Medicina China pero ha probado tantas cosas que está muy cansada. Ha perdido la esperanza y para los aspectos emocionales ha pensado en mí.
Prefiero no hacer preguntas para no ahondar en el dolor y sigo escuchando:
“No merezco lo que me está pasando; la vida me está tratando muy mal.”
Habla de forma inconexa:
“Estoy nerviosa porque no me gusta hablar de mis cosas. No veo la salida y no me quiero morir”. Se echa a llorar.
Durante su llanto le explico que nadie puede pronosticar con exactitud nuestro final y menos con tanta precisión.
“No cabe duda de que te vas a morir –le digo- como yo, como todos” y le recuerdo una frase de Rafael García Serrano: “La vida es una enfermedad mortal” y- añado- “congénita”.
Sonríe.
Le propongo una visualización con el fin de que se serene y se relaje. Me comenta que le gustan los ángeles y la visualización se centra en Rafael, el arcángel de la sanación, el mar en calma (porque le gusta el mar) y al finalizar me comenta que se siente abrazada por las alas del ángel. Su respiración es mucho más armónica. Le aconsejo que cuando se sienta triste evoque este instante en que se ha sentido arropada, acogida y protegida.
Le preparo una fórmula con:
Gorse, para que no tire la toalla,
Lavender, para que se serene,
Hyssop, por el resentimiento, la tristeza, el miedo... es una esencia de muy amplio espectro.
Macrocarpa, para la fatiga, el agotamiento,
Fireweed, por el deterioro de la quimio, por la desolación,
Crowea, por ese no sentirse bien, que es constante.
A los quince días viene más tranquila (sigue vistiendo de negro y estamos en plena primavera).