VIII Congreso Internacional de Terapias Florales, Barcelona. Octubre 2001
En primer lugar y para quienes no me conocéis, que sois la mayoría, he de admitir que, caracteriológicamente soy Agrimony. Eso hace que parezca que “no pasa nada”, pero sí pasa y la procesión va por dentro. Es la primera vez que hablo ante un auditorio tan numeroso y eso me produce una buena dosis de inseguridad. De antemano os pido disculpas por si los nervios me juegan una mala pasada.
Cristales, por qué...
No es casual que la cristaloterapia esté despertando desde las últimas décadas del siglo pasado ya que nos abre las puertas hacia una nueva dimensión, hacia ese cambio cuantitativo que se ha iniciado con la Era de Acuario en la que, queramos o no, todos estamos inmersos.
¿Por qué he elegido los cristales como una parte de mi trabajo?
Creo que son ellos los que me han elegido a mí, pero, además, siempre he sentido un gran atractivo y fascinación hacia ellos. Sin embargo, hay una razón poderosa: los cristales permiten el paso de la luz. Si tengo luz, puedo elegir y la que decide es mi conciencia. Una piedra es también una partícula de conciencia.
Otra razón poderosa: los cristales pertenecen al 7º Rayo, el Rayo Violeta de la Era de Acuario que es el Rayo del orden ceremonial, magia y transmutación y nos van a permitir hacer la transmutación a otra dimensión.
En nuestra vida, en nuestra evolución vamos de la oscuridad a la luz, ¿hay algo mejor que un cristal como compañero? Un cristal es muy poderoso ya que, como sabemos, posee vibraciones electromagnéticas tan intensas que pueden interferir con las vibraciones de otros cuerpos, en este caso con las de los cuerpos sutiles de los seres vivos. Y si un cristal es tan poderoso, ¿por qué no un elixir?