XIII Congreso Internacional de Terapia Floral, Ciudad de México, octubre, 2006
Guillermo, de 44 años, viene a mi consulta porque tiene gran confianza en Marcos (amigo común), quien lleva tiempo diciéndole que, además de toda la medicación alopática que está tomando, existen otros tratamientos menos agresivos y muy eficaces. Me dice que una amiga en cierta ocasión le preparó “flores” y le fueron bien.
Está en manos de un psiquiatra que le da antidepresivos, ansiolíticos y sedantes y él nota que vive en un estado de vaivén, de línea ascendente y descendente y no sabe en qué punto está.
Me explica la situación que le ha llevado a este estado de cosas:
Él ha sido un empresario de éxito que se ha ganado la vida maravillosamente. En su formación académica cuenta con cinco carreras y varios Masters (en Empresariales, Filosofía pura, Teología, etc.)
Peña Retona (Pirineo Oscense)
Hace diez años, aproximadamente, tuvo un accidente de coche. Conducía él y en este accidente fallecieron su padre y su hermano.
A él se le clavó el volante en el pecho y desde entonces tiene una insuficiencia pulmonar. Se rompió la escápula de arriba abajo y siete costillas de la derecha. Estuvo ingresado por el problema físico aunque, gracias a sus creencias y fortaleza, superó el trago.
Se recuperó en parte del problema pulmonar, aunque quedó con una disminución del 40% de capacidad pulmonar y cuando hace senderismo, le cuesta respirar.
A los 3 años de este accidente, comenzaron los problemas profesionales. Una de sus empresas se le fue de las manos, tuvo que empezar a vender propiedades para hacer frente a los gastos que se le venían encima y para tratar de salvaguardar otros negocios, pero al igual que las fichas del dominó, fueron cayendo uno tras otro hasta quedarse reducido a llevarle la contabilidad a su suegro, cosa que su mujer le pasa por la cara a cada instante y de forma poco agradable. Él es muy mesurado en sus comentarios y jamás habla mal de nadie.
Al poco tiempo, empezaron las dificultades familiares. Su mujer, muy exigente, quería volver a las comodidades de que había gozado pocos años atrás y le fue presionando hasta que él entró en una fase depresiva de consideración y le internaron en un sanatorio en el que permaneció quince días.
Durante ese corto período de tiempo, su mujer decidió dejarlo (según me apunta, ella tenía ya un amante, aunque él no lo sabía, y se fue a vivir con él) y cuando volvió a su casa familiar la encontró vacía. Ella se había llevado todo lo que le había parecido y a él le quedaban prácticamente las paredes.
Nunca habían hablado de separación, de forma que ante lo acontecido se quedó sin capacidad de respuesta. Dejó el lujoso apartamento y se fue a vivir con su madre porque con el sueldo del suegro no podía vivir y fue incapaz de enfrentarse y de plantear una batalla; se hundió en la miseria y tiró la toalla.
Me dice que no es ambicioso, duda respecto a su trabajo (por llamarle de algún modo), hay frustración aunque no se siente solo, no hay culpa y le gustaría intentar un acercamiento para reconstruir su hogar. La mujer no está dispuesta y le maltrata psicológicamente (le ve a diario en el negocio del padre / suegro) y ella no pierde ocasión de decirle que es un don nadie, entre otras lindezas.
Pregunto qué espera o qué desea obtener con esta terapia y me dice que quiere trabajar la insatisfacción que le produce la situación familiar porque le hace sufrir mucho.
El caminante ante el mar de niebla de Friedrich