III Congreso Nacional de Terapeutas Florales, Benalmádena, Málaga, noviembre 2004
Agradecimiento.
Cuando supe que el tema propuesto para este congreso era la depresión, de inmediato pensé en la historia clínica de una paciente que vino a verme con enormes deseos de “ponerse bien”.
Poco después, reflexionando en voz alta con una querida amiga, me comentó que podía hablar de dos casos completamente opuestos, y ahí el título de “las dos caras de la Luna”.
En efecto, pensé que era una buena idea porque el otro caso es el de una persona sin expectativas de “ponerse bien”, completamente agnóstico y que vino a verme por si “sonaba la flauta”.
El primer caso es el de una mujer de 56 años.
Vino a verme en septiembre de 2002. Tenía un largo currículo de ingresos en hospitales diversos. En cinco ocasiones de urgencia, por intentos de suicidio, alguno para llamar la atención, como ella mismo reconoce. El internamiento más doloroso, fue como consecuencia de una Orden Judicial dictada por ser una “persona peligrosa” que debía estar bajo control; estuvo en un hospital psiquiátrico sujeta a la cama con camisa de fuerza. Me lo cuenta entre sollozos y recuerda que no podía secarse las lágrimas porque estaba atada. No recuerda cuánto tiempo duró este calvario. Tiene muchas lagunas mentales. Ha tomado muchos psicofármacos a lo largo de toda su trayectoria, por consiguiente hay un daño neuronal importante.
Hace cinco años que está separada del marido y le sigue odiando a muerte, lo considera el causante de todas sus desdichas.
Tiene tres hijos que, según ella, no la quieren porque firmaron la Orden Judicial, hay tanto resentimiento...
Cuatro meses atrás de esta primera visita, la hija mayor se escapó llevándose el coche de la madre que la policía encontró en Almería... Esta hija también estaba casada y abandonó a su niña de tres años. Se fue con una amiga porque decidió que era lesbiana. Ambas están metidas en temas de drogas.
Mi paciente [ no me gusta la palabra paciente por la connotación que tiene en si, tendríamos que encontrar algo como activante…] vive sola, apenas tiene recursos económicos. Trabaja como canguro de dos niños que llenan, en parte, el vacío que le produce no ver a sus nietos (cuando viene por primera vez, además de la niña abandonada a la que no ve, porque está con el padre, tiene dos de la hija pequeña y un tercero en camino). El hijo está soltero y vive en Segovia.