I Congreso Nacional de Terapeutas Florales, Benalmádena, Málaga, noviembre 2002
El título de la charla me lo ha inspirado una paciente que vino a la
consulta exactamente con esa demanda: “quiero que me enseñes a volar”.
La primera vez que la demanda es tan clara uno siente sobre su cabeza
un interrogante enorme, como en los comics y, como dice un amigo mío
muy querido, has de poner cara de ascensor como si la cosa fuese de lo
más frecuente.
Eso ocurría en junio del 2001. Empezamos la historia clínica que no voy
a pormenorizar sino a destacar los aspectos más interesantes:
Mujer de 48 años, médico de profesión y lleva casada16 años. Es muy
feliz con su marido y está muy enamorada. Es de posición social elevada
pero nunca alardea; es muy sencilla en todas sus cosas. No ha podido
tener hijos por problemas de secreción ácida e incompatibilidad. Le ha
costado asumir que no puede tener hijos. Cree que siempre existirá ese
trauma.
No está feliz con su vida profesional pese a tener éxito en su carrera.
Es perfectamente autónoma y autosuficiente, pero le aburre su trabajo.
No disfruta con lo que hace, es demasiado mecánico. No sabe cómo
seguir. Tiene una consulta privada desde hace diez años pero le parece
todo muy rutinario. Le pesa mucho.
En el 99 le pronostican a su marido un carcinoma renal. Le operaron y
debe pasar una revisión cada tres meses. La enfermedad de su marido le
produce pánico. Su vida está centrada en su marido, su hermana y sus
sobrinos.
Son una familia muy unida.
Le comento que su aburrimiento es quizás una forma de prestar atención a algo que puede modificar o encauzar de otro modo.
Que la enfermedad de su marido quizás es también para reorientar sus vidas.
Que la unión con su familia es bonita siempre que no haya excesivo apego (que lo hay).
Que evidentemente su esterilidad tiene un sentido y debe encontrarlo, o al menos buscarlo.
Le preparo las esencias:
Star of Bethlehem, por el trauma evidente, de su infertilidad; de la enfermedad del marido...
Wild oat, porque no sabe qué hacer, no ve el norte...
Celestina, por esos miedos que no verbaliza pero que están muy presentes en su mirada, en su timidez, en su inseguridad...
Cuarzo rosa, para armonizar la situación.
En otro frasquito le doy Arcángel Rafael para vaporizar en su consulta, y para que le prepare a su marido, si él lo acepta.